sábado, 31 de agosto de 2013

La era digital

Hemos multiplicado nuestra capacidad de acceso a la información. Hasta hace pocos años, era normal comprar una voluminosa enciclopedia. Hoy, con un pequeño portátil conectado a la red, disponemos de mayor cantidad de información que una enciclopedia que llena una pared. Sin embargo, esto que parece tan positivo, conlleva algunos inconvenientes.
  • Seguimos teniendo el mismo tiempo para gestionar mucha más información. Como consecuencia, tendemos a concentrarnos en mensajes cortos, preferiblemente imágenes o videos donde no hay que leer.
  • La brevedad de los contenidos favorece la superficialidad, y dificulta los análisis profundos.
  • La estrella del momento deja de ser el contenido (mensaje) sino el continente, el aparato en el que se recibe la información. Estas máquinas también reciben la influencia de la falta de tiempo. Se prefieren dispositivos móviles, (tabletas, teléfonos...el portátil está en declive) que se encienden más rápido, que llevan opciones predeterminadas.
  • A medida que internet se difunde y universaliza, el nivel medio de experiencia informática del usuario desciende. Los nuevos ordenadores se adaptan a esa simplicidad, en detrimento de la diversidad. En un principio, el ordenador era una máquina que podía hacer cualquier cosa. Hoy en día lo usamos para un conjunto amplio de tareas: enviar y recibir correo, establecer videoconferencias, mirar fotos, vídeos, escuchar música, ver presentaciones, leer noticias, consultar un mapa, relacionarnos en redes sociales y consultar Google. Pese al abanico de posibilidades, el ordenador queda reducido a una especie de televisión interactiva en la que el usuario (simple consumidor) es moldeado por las opciones que le ofrece el programa de turno.
  • Las pantallas con retroiluminación cansan la vista. El modelo de navegación más extendido consiste en cambiar de página cada poco tiempo, ir saltando de enlace en enlace. Esto no favorece la concentración, ni la memoria, ni una línea estructurada de pensamiento.
  • Por el contrario, muchas presentaciones (powerpoint) suelen mostrar el mismo contenido que un simple texto, aderezado de fotos, música y efectos especiales con las letras, que ralentizan su lectura. No siempre lo más moderno es lo más rápido.
  • La última estrella del momento son las llamadas "aplicaciones". En lugar de un programa completo y variado (y generalmente caro), se opta por una miríada de pequeños programitas que ofrece cada uno una tarea diferente.
El ordenador es una gran herramienta que se me atraganta un poco. No creo que los ordenadores nos hagan mejores. Por el contrario, nos influyen para convertirnos en personas más superficiales, menos reflexivas, menos críticas y más susceptibles a ser manipulados. 
Los contenidos, al poderse clonar y difundir gratuitamente, pierden valor. Nuestra privacidad, también pierde valor. Los periódicos se leen de forma superficial, la portada y poco más. Se favorece el interés por lo último por lo efímero. La información se recibe y al poco tiempo desaparece enterrada por más información recién llegada. Poco a poco vamos entrando en una espiral de disolución continua, de la que hay que aprender a defenderse.
Es cierto que el ordenador nos facilita muchas tareas y nos abre horizontes, pero la mayor dificultad no consiste en aprender a usarlo, sino en darse cuenta de que hay una vida fuera de el, y que es la máquina quien debe estar al servicio de la vida real y no al revés.

domingo, 25 de agosto de 2013

Memoria

Estoy haciendo copia de seguridad de mis archivos y de paso, limpieza. Es un proceso lento que a veces implica abrir documentos. "¿Qué era esto? Ah, sí, ya no importa. Borrar". Pero muchos otros van a la carpeta correspondiente. Fotos, cartas... a medida que voy envejeciendo, la cantidad de recuerdos se va incrementando. Supongo que cuando muera, dejaré tras de mí una montaña de información absolutamente inútil, pues las siguientes generaciones tienen que abrirse su propio camino.
Todavía guardo los recuerdos de mi padre. Un par de cajas llenas de escritos, de cartas, de fotografías. Todo ello pendiente de procesar, de clasificar. Y es al acercarse a la barrera de los cincuenta cuando la gente suele empezar a interesarse por sus lazos con el pasado. Muchos se lamentan de no haber dedicado más tiempo a aquel familiar que ya murió y sabía tantas historias.