domingo, 18 de octubre de 2015

Soledad, amor y robots (2)

Pienso que la relación con los robots será algo bastante natural. Desde que yo era niño existen muñecas que hablan, lloran, caminan y hasta hacen pis. Y las niñas suplen con su imaginación la distancia entre uno de esos juguetes y lo que sería un bebé real. Ciertamente, no es un humano, es un juguete, pero mientras dura el juego la función es la misma. Pienso que algo parecido sucederá con los robots. 

Es curioso como podemos atribuir a objetos inanimados ciertas cualidades que solo corresponderían a seres vivientes. Así sucede en religiones ancestrales que practican el animismo, doctrina que atribuye un alma a cualquier elemento natural incluso a una montaña o un río. También en religiones más cercanas como el Catolicismo existe la veneración de imágenes que no son sino esculturas o pinturas a las que se les reza, se les habla, se les ofrecen velas o flores, y aunque en teoría la imagen solo representa a una persona santa, lo cierto es que se trata a esas imágenes como algo real. Incluso se les atribuyen leyendas como dilatación de las pupilas (Virgen de Guadalupe) movimientos de la cabeza (Santo Cristo del Nogal) e incluso sangrado de heridas (Santo Cristo de Limpias). Los devotos de esas imágenes les rezan y les hablan como si estuvieran realmente vivas, por mucho que cuando sucede algún accidente y se rompen, queda en evidencia que son puramente yeso o madera. 

Todo esto muestra la enorme capacidad de autoengaño que tenemos los seres humanos. Cuando finalmente lleguen los robots a nuestras vidas los trataremos como a humanos en la medida de lo que sea necesario para nuestra supervivencia o para una mejor calidad de vida. Claro que, tratándose de robots, los fabricantes no se limitarán a imitar a un ser humano, sino que aprovecharán a incluir características que superan las de los humanos corrientes (capacidad de cálculo, memoria de almacenamiento, mayor fuerza, grabación de imagen y sonido), como si de una navaja suiza se tratara les incluirán montones de herramientas que harán de ellos una especie de humanos mejorados. 

En cierto modo eso me recuerda lo que ha sucedido con el libro electrónico, que tiene sus ventajas: puedes buscar una palabra en un texto de 1.000 páginas y te la encontrará en un segundo. Puedes añadir marcadores, aumentar o disminuir el tamaño de la letra, tener cientos de libros en un solo dispositivo que te cabe en un bolso... Y sin embargo, desde que me compré uno de esos lectores electrónicos aprecio muchísimo más los libros que tengo en papel, aunque pesen, aunque ocupen espacio, aunque sean más caros. ¿Me pasará lo mismo con las personas cuando tenga un robot? Supongo que sí. 

martes, 6 de octubre de 2015

soledad, amor y robots (1)

Dicen que en un par de decenas de años los robots estarán absolutamente integrados en nuestras vidas y que incluso nos enamoraremos y mantendremos relaciones sexuales con ellos. Es una idea un tanto extraña pero pienso que bastante posible viendo algunas cosas que sucenden.

Hoy por hoy, un robot es algo caro, complejo y todavía lejano del alcance del gran público. Sin embargo hay una proliferación de aplicaciones para móvil en forma de chats, asistentes, novias virtuales... todos los que he visto de momento son bastante toscos pero lo que me llama la atención no es su grado de desarrollo sino que existe un marcado interés por este tipo de programas (si no, no habría demanda) y no dudo que en un futuro llegarán a un nivel aceptable para "engañar" lo suficiente al usuario como para suplir una necesidad de compañía.

Del mismo modo muchos hombres se dejan engañar por un creciente mercado de muñecas sexuales, reproducciones en latex a tamaño natural que si bien no hablan ni se mueven (todavía), ocupan el rol físico de una pareja.

Sospecho que la vida de pareja no acaba de encajar muy bien con una sociedad donde todo se compra y se vende. El amor es un término complejo en el que se satisfacen una serie de necesidades diversas: sexo, compañía, diversión, conversación, cooperación económica, reproducción... en un mundo mercantilista donde lo importante es la satisfacción del consumidor pienso que habrá gente que se sienta tentada de sustituir las relaciones humanas por sucedáneos informáticos y robóticos que se adapten sin rechistar a los deseos y necesidades humanas (¡de ambos sexos!).

Las relaciones virtuales basadas en software pueden ser sin coste o bien con un coste limitado, siempre controlado por el "usuario". Pronto las aplicaciones irán añadiendo inteligencia artificial de modo que aprenderán sobre los gustos, costumbres y necesidades de sus usuarios y convivir con ellas será muy cómodo. Una muñeca siempre está disponible para el sexo, y al mismo tiempo, siempre se le puede dejar de lado si no interesa. Un día de estos las muñecas incorporarán ese software, algo de movimiento y tendremos robots sexuales.

Suponiendo que la economía, la ecología y el planeta entero no se vayan al traste demasiado pronto...llegaremos a ver estas cosas. Imagino dos puntos de inflexión sobre este idílico panorama robótico. El primero es cuando la satisfacción y el confort no sean suficientes para llenar motivaciones como el deseo de protección o el de sumisión, ambos bastante extendidos en las relaciones humanas pero francamente absurdos cuando pensamos en un robot. El segundo es la sensación de inseguridad que tendremos el día que la inteligencia artificial sea más inteligente que nosotros mismos. Ese día dejaremos de sentir amor por nuestros compañeros virtuales para comenzar a sentir miedo.

(continuará...)