martes, 6 de octubre de 2015

soledad, amor y robots (1)

Dicen que en un par de decenas de años los robots estarán absolutamente integrados en nuestras vidas y que incluso nos enamoraremos y mantendremos relaciones sexuales con ellos. Es una idea un tanto extraña pero pienso que bastante posible viendo algunas cosas que sucenden.

Hoy por hoy, un robot es algo caro, complejo y todavía lejano del alcance del gran público. Sin embargo hay una proliferación de aplicaciones para móvil en forma de chats, asistentes, novias virtuales... todos los que he visto de momento son bastante toscos pero lo que me llama la atención no es su grado de desarrollo sino que existe un marcado interés por este tipo de programas (si no, no habría demanda) y no dudo que en un futuro llegarán a un nivel aceptable para "engañar" lo suficiente al usuario como para suplir una necesidad de compañía.

Del mismo modo muchos hombres se dejan engañar por un creciente mercado de muñecas sexuales, reproducciones en latex a tamaño natural que si bien no hablan ni se mueven (todavía), ocupan el rol físico de una pareja.

Sospecho que la vida de pareja no acaba de encajar muy bien con una sociedad donde todo se compra y se vende. El amor es un término complejo en el que se satisfacen una serie de necesidades diversas: sexo, compañía, diversión, conversación, cooperación económica, reproducción... en un mundo mercantilista donde lo importante es la satisfacción del consumidor pienso que habrá gente que se sienta tentada de sustituir las relaciones humanas por sucedáneos informáticos y robóticos que se adapten sin rechistar a los deseos y necesidades humanas (¡de ambos sexos!).

Las relaciones virtuales basadas en software pueden ser sin coste o bien con un coste limitado, siempre controlado por el "usuario". Pronto las aplicaciones irán añadiendo inteligencia artificial de modo que aprenderán sobre los gustos, costumbres y necesidades de sus usuarios y convivir con ellas será muy cómodo. Una muñeca siempre está disponible para el sexo, y al mismo tiempo, siempre se le puede dejar de lado si no interesa. Un día de estos las muñecas incorporarán ese software, algo de movimiento y tendremos robots sexuales.

Suponiendo que la economía, la ecología y el planeta entero no se vayan al traste demasiado pronto...llegaremos a ver estas cosas. Imagino dos puntos de inflexión sobre este idílico panorama robótico. El primero es cuando la satisfacción y el confort no sean suficientes para llenar motivaciones como el deseo de protección o el de sumisión, ambos bastante extendidos en las relaciones humanas pero francamente absurdos cuando pensamos en un robot. El segundo es la sensación de inseguridad que tendremos el día que la inteligencia artificial sea más inteligente que nosotros mismos. Ese día dejaremos de sentir amor por nuestros compañeros virtuales para comenzar a sentir miedo.

(continuará...)

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