viernes, 24 de abril de 2020

lenguaje, pensamiento y redes sociales

Palma de Mallorca, día del libro, 2020.

Estaba leyendo y de repente mi mirada se fijó en dos palabras: "personas trabajadoras". ¿Por qué no "trabajadores"? Ah, claro! Esto debe ser una forma de lenguaje inclusivo; una variante de lo que sería el tan manido "trabajadores y trabajadoras". Sin entrar en la polémica del lenguaje inclusivo, me llama la atención por el contraste entre medios como Twitter donde tienes limitado el número de caracteres y la tendencia que prima la ideología sobre la economía del lenguaje. Por una parte tienes que pensar cómo decir lo mismo con menos palabras porque se te acaba el espacio, por otra parte tienes que emplear más palabras para ser políticamente correcto. 

Meditando sobre el lenguaje me doy cuenta de la enorme modificación que suponen sobre éste las redes sociales y los dispositivos electrónicos. El tamaño de la pantalla y la avalancha de información hacen que nos veamos forzados a leer y escribir textos concentrados, no solo para que quepan en un tweet sino para que sean leídos (¿habéis llegado hasta aquí?, enhorabuena). Y esto tiene una influencia perjudicial porque el lenguaje no solo refleja nuestros pensamientos sino que también condiciona nuestra mente. Utilizar expresiones cada vez más reducidas acaba limitando nuestra capacidad crítica, nuestra apreciación por los matices. Nuestra mente se vuelve más pequeña, más adicta al "zasca"(expresión predominante en las redes).
   
Este fenómeno es congruente con otro que se está imponiendo a marchas forzadas: la predominancia del grupo sobre el individuo. Por eso es necesario atomizar el pensamiento, jibarizar la mente, para que abracemos una colectividad donde todos nos vigilamos a todos y la disidencia es castigada por la muerte social...con la única salida de mudar a otra área del mundo virtual donde sucede lo mismo pero con la ideología opuesta. Los no comprometidos con el pensamiento único suelen ser solitarios. Como mucho se los tolerará como excéntricos si no molestan demasiado con sus reflexiones, si no cuestionan el sistema. 

El sistema no es la ideología sino el diseño de las redes de comunicación. Lo que debería haber sido una red descentralizada se ha convertido en un territorio virtual con unas pocas webs donde la información circula de forma jerárquica: facebook, google, youtube, un par de diarios digitales, la previsión atmosférica y el netflix. Te muestran contenido de tu interés (de paso te cuelan publicidad de tu interés), al tiempo que restringen información que no conviene que se difunda.

No les falta razón. Los bulos son una plaga en internet, pero que una información provenga de una fuente oficial no es garantía de que sea cierta. Durante esta pandemia hemos podido observar unos cuantos ejemplos de esto. Hemos pasado del "basta con lavarse las manos y mantener la distancia" a ver cómo las fuerzas de seguridad reparten mascarillas en el metro, del "no hace falta guardar cuarentena cuando regresas de un viaje de una zona de riesgo" al confinamiento total con multas incluidas. 

No pretendo subvertir el orden establecido. Necesitamos una estructura para funcionar. Tampoco me quiero posicionar a favor de una u otra tendencia política, pero aprovechando que hoy es el día del libro, os pido que seáis revolucionarios, que no os dejéis dominar por el pensamiento icónico, acrítico, por la influencia del grupo. Tomad un libro y ejercitad el pensamiento lineal, discursivo, donde la pausa y la re-lectura permite la reflexión. 

Feliz día del libro.  

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho y es lo que yo practico:solitaria y excéntrica,me lo enseñó el método Silva. Por eso EEUU no quiso aceptar el ofrecimiento gratuito del método para que se enseñara en las escuelas.

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